| Primera Feria Provincial del Libro Infantil: "Asómate... y Verás" |
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| Escrito por Dirección de Educación Inicial |
| Jueves 27 de Mayo de 2010 |
Fundamentación:
Reflexionar acerca de las formas en que los niños significan y se inician en la lectura del mundo, nos sitúa en pensar a la escritura como un “modo de representación”, como una de las formas en que los seres humanos construimos el sentido sobre nuestra experiencia y nos comunicamos, que no es única ni total, ya que la imagen, el sonido, la voz, la música y el gesto son otros modos de representación importantes. La escritura es un modo importantísimo de representación, pero no es necesariamente el más completo o el que debe “dominar” a todos los otros. Cobra así importancia reconocer que ninguna forma de representación es total, las posibilidades tecnológicas de “capturar” una imagen y hacerla perdurable a través de la fotografía y el cine/video, rompieron ese monopolio. Pensar en los “modos de representación” y así analizar los medios y la influencia de los mismos, en nuestra cultura, permite mirar como los libros de texto son buenos indicadores de estos cambios: actualmente, la organización visual de las páginas de los libros asume formatos hipertextuales, con ilustraciones, profundizaciones, resaltados; y muchas veces la escritura viene a cumplir una función subsidiaria de la imagen -el texto escrito se introduce para explicar y desarrollar la imagen-, que reacomoda la economía textual de la página. (Dussel: 2005) La alfabetización inicial así pensada, necesita ser andamiada por distintos recursos materiales y herramientas, que acompañen al niño en la adquisición de la palabra escrita. En la búsqueda de estrategias por promover el placer de la lectura, y señalar los caminos misteriosos por los que atraviesa el lector mientras lee; nos parece interesante socializar los significados y emociones que se producen cuando se aborda, inicialmente, un texto literario. En este sentido compartimos las expresiones de Graciela Montes: “No creo que haya ninguna escena que enseñe más acerca de la lectura que la escena inaugural, cuando perturbados, inquietos y audaces, aprendíamos a hincarle el diente a las letras. Era una escena dramática y escueta, con solo dos personajes: ahí, la palabra escrita, la palabra cifrada-rara, difícil, dura, verdadero acertijo, baluarte a conquistar-y, aquí, nosotros, con nuestro deseo de penetrar el misterio. Reconocíamos una letra, otra más, una tercera, algunas se nos escurrían, otras nos traicionaban; pegábamos un salto, arriesgábamos una hipótesis y tal vez dábamos en el blanco…O no, fallábamos y nuestra construcción precaria se desmoronaba, y entonces había que volver a empezar, tanteando, avanzando por la cuerda floja. Nunca más consistente, más corporal que entonces la palabra, cuando debíamos aprender a deletrearla. Apresarla, morder su significado era el gran desafío. Leer no era fácil, era una empresa ardua y arriesgada. Pero se aprende, el lector toma confianza y va avanzando hacia la próxima etapa. Se vuelve práctico, casi siempre acierta con sus hipótesis y el texto se va desarrollando frente a él como una alfombra bastante blanda. Ya no necesita seguir penosamente el dibujo de las letras con el dedo ni decir en voz alta los sonidos; adquiere velocidad, buen ritmo, silencio. Es más ya ni siquiera lee todo, letra por letra, palabra por palabra, más bien anticipa. Adivina lo que está por venir, saltea. La comprensión se hace más fácil. Uno se interesa por el contenido, puede perseguir la trama, identificarse con los personajes…” En este despertar a la lectura, somos los mayores los que tenemos la responsabilidad de acercar el libro al niño, cobra así importancia ese vínculo tan necesario, cálido, que habilita a los pequeños a dialogar con los libros, escuchando, leyendo, mirando imágenes, compartiendo sentidos, eligiendo. Desde esta idea adquiere significado promover actividades que involucren a la comunidad en tanto lectores y en tanto adultos que participan y generan escenas de lecturas en sus hogares y en otras instituciones de la comunidad. Las posibilidades que se abren para construir puentes, promover encuentros son muy amplias; así la organización y puesta en marcha de una instancia como la Feria del Libro Infantil permite acercar al escritor, los niños, los adultos responsables, los docentes, los futuros maestros, en un intercambio permanente que retroalimente, enriquezca y habilite a disfrutar del encuentro con el libro. La comunidad lectora se nutre de: lectores participativos que necesitan palabras, revistas, libros, materiales que nos animen al juego, al intercambio; y situaciones de lectura para construir y desplegar una actitud lectora. La actitud lectora se construye leyendo, escuchando, compartiendo sentidos, eligiendo, promoviendo búsquedas. Se trata así, de generar encuentros en donde el material del que disponemos, ya sea mucho o poco, entre en circulación, que genere otras ganas y otros movimientos para satisfacer necesidades compartidas. Encuentros donde los chicos puedan leer en los brazos de sus padres y sus abuelos. Encuentros para acercar y compartir la lectura de algo que nos interesó. Encuentros que posibiliten la recopilación de producciones orales, que permitan escuchar narraciones compartidas. Objetivos:
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La experiencia de la lectura en común, es uno de los juegos posibles del enseñar y aprender y está presente en nosotros desde una edad muy temprana. Son muchas las palabras que convocan y evocan el acto de leer: creatividad, libertad, imaginación, disfrute, palabras que permiten a su vez significar e interpelar un cuento, una poesía, un texto en compañía de otro.